Todo el mundo conoce a alguien que «se está sacando unas oposiciones». Lo que casi nadie cuenta es cómo se empieza de verdad: qué se hace la primera semana, cuánto cuesta, cuántas horas hay que echarle y qué pasa si encima tienes un trabajo o niños a tu cargo. Aquí va la guía que a mí me habría gustado leer antes de comprar el primer temario.
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Antes de abrir un libro: elige bien la oposición
El error número uno es elegir por el sueldo o por lo que «tiene más plazas». Una oposición puede ofertar muchas plazas y aun así ser una locura de temario. Otra, con pocas plazas, quizá tenga una competencia mucho menor porque casi nadie la conoce.
Empieza por tu titulación. Los cuerpos se agrupan por grupos (A1, A2, C1 y C2) y cada uno exige un nivel de estudios: universitario, de grado, bachillerato o ESO. Si tienes el título de Bachillerato, por ejemplo, ya tienes abierto el grupo C1, que incluye puestos administrativos en la Administración General del Estado y en comunidades autónomas.
Los datos concretos de plazas los publica el propio Gobierno en la Oferta de Empleo Público (OEP) que aparece cada año en el BOE, y cada comunidad autónoma y ayuntamiento tiene la suya. Ahí es donde conviene mirar, no en los titulares de prensa.
Un ejemplo muy típico: Marta, 31 años, trabaja a media jornada en una tienda de Valencia y tiene el Grado en Derecho. Su primera idea era opositar a judicatura, pero tras echar un vistazo al temario y a los años de preparación que se suelen mencionar, se fue a un cuerpo de gestión de la administración autonómica. No es rendirse; es elegir una carrera de fondo que puedas terminar.
Lo más llamativo es lo poco que se habla de la afinidad. Si odias la contabilidad, no vas a aguantar dos años estudiando contabilidad pública. Escoge un temario que, al menos, no te dé pereza abrir.
Cómo leer una convocatoria sin perderte
Una convocatoria parece un documento escrito para que lo entiendan solo los abogados. Pero si sabes dónde mirar, tardas diez minutos. Fíjate en cuatro cosas: requisitos de acceso, sistema de selección (oposición, concurso o concurso-oposición), temario y plazos de la solicitud.
El sistema de selección es clave. En la oposición pura cuenta solo el examen. En el concurso-oposición también suman méritos como la experiencia previa o los cursos, algo que beneficia a quien ya trabaja en la administración, por ejemplo como interino.
Y ojo con las bases específicas. Las bases generales dicen cosas parecidas en todas partes, pero las específicas marcan el número de ejercicios, si hay prueba de idiomas, un test psicotécnico, un supuesto práctico o incluso pruebas físicas.
En la práctica esto significa que dos oposiciones del mismo grupo pueden exigirte preparaciones totalmente distintas. Una puede ser casi solo tipo test, y otra, con desarrollo escrito y defensa oral ante un tribunal.
Un consejo práctico: guarda las tres últimas convocatorias del cuerpo que te interesa. Aunque no sean exactamente iguales a la próxima, te dan una idea realista de cómo se estructuran los exámenes y cuándo suelen salir los plazos.
Academia, preparador o por libre
Aquí cada uno defiende lo suyo. Los de la academia dicen que sin academia no hay plaza; los autodidactas, que la academia es tirar el dinero. La verdad es que depende del tipo de oposición y de cómo seas tú.
Una academia suele darte el temario actualizado, un calendario, simulacros y la presión de una clase. Para quien necesita estructura externa, eso vale oro. Un preparador individual, además, corrige supuestos prácticos y entrevistas, algo que es muy difícil de hacer por tu cuenta.
Estudiar por libre funciona mejor en oposiciones tipo test con temarios muy cerrados, donde lo importante es hacer muchas pruebas. Hoy hay cantidad de plataformas con bancos de preguntas y simulacros que antes solo se conseguían en una academia presencial.
Eso sí, el temario hay que verificarlo. La normativa cambia continuamente: una ley que se reforma después de que se imprimiera tu libro puede hacerte fallar una pregunta que ya estudiabas bien. Antes de comprar nada, mira la fecha de actualización.
Un truco que usan muchos opositores veteranos: prueba un mes con material gratuito, simulacros públicos y los exámenes oficiales de años anteriores que publica cada organismo. Si sigues motivado al terminar ese mes, ya tienes una señal decente de que merece la pena invertir.

Un plan de estudio que sobreviva a tu vida real
Un plan bonito en una hoja de cálculo no sirve si exige cinco horas diarias y tú trabajas ocho. Parte de lo que de verdad puedes dar: quizá sean dos horas entre semana y cinco el sábado. Es poco, pero constante vale más que un arranque heroico que dura tres semanas.
Divide el temario por bloques y calcula los temas por semana. Deja un colchón: una semana de cada cinco debería ser de repaso y de recuperar lo que se ha quedado atrás. Si no la planificas, la vida se encargará de tomarla igualmente, pero sin avisar.
La técnica que más resultado da es la repetición espaciada: repasar un tema a los pocos días, luego a la semana, luego al mes. Es incómodo porque tienes la sensación de ir más lento, pero es lo que evita que se te olvide lo que estudiaste en octubre cuando llegue el examen en junio.
Y los simulacros, cuanto antes mejor. Muchos opositores esperan a «saberlo todo» para hacer exámenes de prueba. Error: los fallos te dicen qué estudiar. Haz tests desde el primer mes, aunque saques un 3.
Lo que pocos saben es que el descanso también cuenta. Dormir bien y desconectar un día a la semana no es perder el tiempo; es parte de la memoria. Quien se quema en el cuarto mes suele abandonar justo cuando empezaba a notarse el avance.
Dinero: lo que cuesta opositar
Se habla poco de esto y debería hablarse más. Opositar tiene costes directos: temario, academia o preparador, plataforma de test, tasas de examen y, a veces, desplazamientos al lugar de las pruebas. Una academia presencial puede suponer una cuota mensual considerable, mientras que el material por libre sale bastante más barato.
Las tasas de inscripción las fija cada administración en su convocatoria y suelen tener bonificaciones o exenciones, por ejemplo para personas desempleadas o con discapacidad. Léelo en las bases antes de pagar: es dinero que se puede ahorrar con un papel.
Y está el coste que no aparece en ningún presupuesto: el tiempo. Si reduces jornada para estudiar, estás renunciando a ingresos. Muchas personas compaginan trabajo y estudio durante los primeros meses y dan el salto de jornada solo cuando se acerca la fecha del examen.
En la práctica es útil fijarte un presupuesto anual y un límite de intentos. Parece frío, pero te evita seguir «un año más» sin plan. Si después de dos convocatorias tus notas no suben, quizá sea momento de cambiar de método o de cuerpo.

Errores típicos del primer año
El primero, empezar sin convocatoria a la vista y quedarse un año en «modo temario». Mejor ligar tu planificación a una fecha estimada de examen, aunque luego se mueva. Sin fecha, el plazo se vuelve elástico.
El segundo, comparar tu ritmo con el de los demás. En los grupos de redes sociales siempre hay alguien que «lleva veinte temas en un mes». No sabes qué nivel de profundidad tienen esos temas ni cuántas horas dispone esa persona. Tu ritmo es el tuyo.
El tercero, no mirar los criterios de corrección. En los tipos test con penalización, cada error resta, y saber cuándo arriesgar y cuándo dejar en blanco es parte del juego. Practícalo en los simulacros y no lo dejes para el día del examen.
Y el cuarto, aislarte. Opositar es solitario. Tener a alguien con quien contrastar dudas, aunque sea en un grupo pequeño online, ayuda a no desmoronarse cuando llega el primer suspenso. Y llegará, casi seguro. Sorprende lo poco que se normaliza.
Si quieres escuchar cómo lo plantean otras personas que lo han vivido, este vídeo con licencia Creative Commons cuenta un método de estudio que puede darte ideas:
Lo que viene después de todo esto es mucho más sencillo: elegir una oposición razonable, apuntarte a lo que de verdad necesitas y empezar con un plan modesto pero real. Con que cumplas tres meses seguidos, ya tienes un hábito que muchos no consiguen crear.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo se tarda en aprobar una oposición?
No hay una cifra única. Depende del cuerpo, del temario y de las horas que puedas dedicar. Para cuerpos administrativos, muchas personas hablan de uno o dos años; para cuerpos de nivel superior, suele ser más.
¿Se puede opositar trabajando?
Sí, y mucha gente lo hace. Requiere un plan realista de horas a la semana y constancia. Lo habitual es aumentar la dedicación según se acerca la fecha de examen.
¿Dónde se publican las convocatorias oficiales?
En el BOE para la Administración General del Estado, y en los boletines oficiales de cada comunidad autónoma, provincia o ayuntamiento para el resto. Tu administración también suele tener un portal de empleo público.
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